Jefe de Hezbolá teme ser el próximo blanco de los ataques de Estados Unidos e Israel
El asesinato del científico Mohsen Fakhrizadeh ha generado un escenario lleno de incertidumbre y temor por lo que podría avecinarse para ambas naciones.
11/30/2020
Jefe de Hezbolá podría estar temiendo ser el próximo blanco de Israel - Foto: .
Mohsen Fakhrizadeh, el científico de 59 años considerado por funcionarios israelíes como jefe del sector militar del programa nuclear iraní -lo que Irán niega-, fue asesinado el pasado viernes cuando viajaba en su automóvil, cerca de Teherán, según autoridades locales. Irán, que acusó explícitamente a Israel de ser responsable del ataque, amenazó al país con vengarse del ataque.
En medio de la consternación que ha generado este crimen, medios israelíes han señalado este domingo que Hassan Nasrallah, líder del Hezbolá, teme ser parte de la lista de blancos de los Estados Unidos e Israel, teniendo en cuenta que esta no es la primera vez que, presuntamente, sería amenazado.
De hecho, funcionarios locales han sostenido que el líder permanece casi que escondido, con el fin de garantizar su seguridad, y se limita a aparecer en ocasiones especiales, de acuerdo con el diario The Times of Israel.
Esperaron a que pasara el cuarto cumpleaños de la muerte de Fidel Castro, que conmemoraron en la escalinata de la Universidad de La Habana con un acartonado acto que catalogaron de “patriótico”; esperaron a que se acercara el fin de semana y que fuera Thanksgiving en Estados Unidos para que sus vecinos más pendientes no lo estuvieran; esperaron a que cayera la noche en la capital de la isla, le bloquearon a toda la nación el acceso a Facebook, Instagram y Youtube para que no hubiera material gráfico en vivo; y solo entonces, decidieron entrar como fieras descompuestas. Esa fue la maquiavélica puesta en escena que llevó a cabo el régimen cubano para desmantelar al grupo de artistas, activistas y periodistas, nucleados alrededor del Movimiento San Isidro, que estaban atrincherados en una casa de La Habana Vieja protestando pacíficamente a través de una huelga de hambre con el fin de obtener la liberación de uno de los miembros del movimiento, el rapero Denis Solís.
Solo quien premedita una crueldad, actúa desde la oscuridad para no dejar la evidencia del horror perpetrado: después de la secuencia de pasos narrados, las 14 personas que se encontraban en el lugar fueron obligadas a salir por la fuerza por agentes de la Seguridad del Estado disfrazados de médicos. En la calle, un escuadrón de militantes del régimen, que también formaban parte de la operación, les gritó mientras eran sacados de allí, unos en ambulancias y otros en carros policiales: ¡Viva Cuba! ¡Viva! ¡Fidel! ¡Fidel!
Horas después, todos fueron puestos en libertad. Sin embargo, durante la madrugada del 27, dos de ellos, Anamelys Ramos y Luis Manuel Otero, volvieron a ser detenidos. El paradero de ambos, a la publicación de esta columna hoy viernes 27, es desconocido.
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En los últimos días el Movimiento San Isidro le ha hecho un desnudo al régimen cubano. Se le ha parado de frente, como pocas veces sucedió, y lo ha hecho posar en su estado más puro. El resultado es un retrato de época que conocemos desde seis décadas atrás, pero que ahora con la ayuda de internet sacudió el polvo, ganó en nitidez y alcance: el horror, como método coercitivo de Estado, para imponer la dominación.
El régimen lleva tiempo atentando contra el Movimiento San Isidro y, con el arresto de Solís, quiso asestarle otro golpe. Aunque Solís ahora mismo siga preso, quien ha encajado el impacto simbólico de su prisión, es el propio régimen. Los colegas de Solís se dispusieron a no dejarlo tras las rejas y en ese ejercicio de exigir justicia ante el cargo de supuesto desacato que se le imputó, provocaron un alud de violaciones, arbitrariedades e ilegalidades del gobierno que muestran a las claras el Estado de derecho que Cuba no es.
Primero, los artivistas estuvieron durante tres días navegando por los calabozos de la ciudad por solo plantarse en las afueras de la estación policial de La Habana Vieja para reclamar el proceso indebido al que fue sometido Solís. Luego, se atrincheraron en su sede después que les impidieran leer poesía en las calles. Dentro de su cuartel, no les quedó más remedio que comenzar una huelga de hambre —unos— y de hambre y sed —otros— porque los militares vestidos de civil y la Policía, que rodearon las inmediaciones de la casa, impidieron que les llegaran provisiones desde fuera. Una de las primeras madrugadas, les lanzaron hacia dentro de la vivienda una sustancia tóxica y otra noche un hombre rompió la puerta de madera y agredió con botellas de cristal al artista Luis Manuel Otero. Y ahora por último, cuando acusaban el debilitamiento de siete días en huelga, los asaltaron.
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El acto de resistencia de los que se acuartelaron en La Habana Vieja, gracias a la masificación de internet en la isla, ha sido una especie de reality político al que han podido asistir los cubanos. Los live, los post, la conexión con el mundo exterior en tiempo real en definitiva, han permitido no solo seguir en vivo el curso de los acontecimientos, sino mostrar cómo es la cruda vida de aquellos quienes dentro de Cuba se le enfrentan al régimen, una cotidianeidad que muchos cubanos desconocen o que dicen desconocer, por complicidad o por miedo.
El pulso entre el Movimiento San Isidro y el régimen ha provocado también un leve despertar de la conciencia política dentro de Cuba. Con los hechos en las narices, a mucha de la gente que quita la vista de los desmanes del régimen —por miedo y por complicidad—, no le ha quedado más remedio que observar la flagrante violación de derechos a los que han sido sometidos estas personas.
El atropello hacia estos jóvenes que decidieron poner su cuerpo, morir, por no tener espacio en un país donde pensar distinto equivale a ser un criminal, y la inhumana actitud de un gobierno, que dio todas las señales para pensar que es capaz de dejar morir a quien profese una ideología contraria a la suya, hicieron que una masa considerable de personas clamara por primera vez y al unísono en las redes sociales las palabras: cambio, diálogo.
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Pero el castrismo desconoce las esencias de la democracia y la única manera que tiene para seguir perpetuado en el poder es callar, a como dé lugar, a quien le produzca inseguridad. Su impunidad es tal que ni siquiera le interesa que lo descubran a diario como el antagonista de todos los realitys que los cubanos trasmiten desde sus teléfonos, relatos de opresión, sometimiento y pobreza.
Ya no hay duda / SÍ, SÍ HAY UNA CONSPIRACIÓN A NIVEL MUNDIAL, por Antonio Llerandi
Sí, considero que el centro fundamental de la conspiración mundial contra la humanidad está dirigido por Putin
ESPECIAL PARA IDEAS DE BABEL. Muchos de mis queridos compatriotas lo han estado tuiteando desde hace tiempo y debo reconocer —como dice el título de este artículo— que sí, sí existe una conspiración a nivel global, que es terrible y poderosa, que ha logrado penetrar países, que se ha encargado de modificar estratos de poder, que se ha movido en las tinieblas más tenebrosas, valga la redundancia.
Ha seguido una estrategia muy bien delineada, tiene un centro de poder en el mundo y desde allí se han lanzado ataques muy bien organizados, no sólo de inteligencia y espionaje, sino con su último útil instrumento de proliferación masiva, las redes sociales.
Si se han tomado la molestia de ver el documental The Social Dilemma podrían allí percibir una aproximación de lo que se trata el asunto. Debo reconocer que algunas formas de ese film están un poco abultadas con el objeto de acentuar lo que se quiere decir, pero lo que están expresando es tan grave y tan peligroso, que esas exageraciones podrían hasta ser bienvenidas. Lo que nos queda claro a través de la película es que desde unos centros de poder se puede manipular a grandes cantidades de seres humanos y crearles no sólo falsas necesidades sino también —y es lo más grave— la aparente certeza de noticias falsas.
Por eso hablo de que podemos confirmar una conflagración mundial, una verdadera guerra de unos malos contra unos buenos, o mejor dicho de unos perversos contra unos inocentes. Hoy en día subsisten algunas guerras convencionales, de aquellas de tiritos y muertos, pero las verdaderas guerras mundiales se están desarrollando a otro nivel. No son balas de plomo sino algoritmos de manipulación disparados directamente a donde hacen más efecto, al cerebro y a las emociones, esos dos centros de poder individual que manejan nuestra conducta. Que pueden no sólo cambiar nuestra forma de pensar sino llevarnos a actuar incluso de una manera irracional o violenta. Estamos siendo tan bien manipulados que podemos ser conducidos a un precipicio humano sin que nos demos cuenta, incluso al extremo de los nazis, que convencieron a una gran nación que lo que hacían era lo correcto. Y no solo lo apropiado sino incluso lo sano. Cuando hoy día vemos con asombro el horror de los campos nazis o soviéticos, debemos pensar que multitudes fueron arrastradas por esas mentiras hasta el máximo horror. Llegaron a convertir a pacíficos ciudadanos en cómplices de esas monstruosidades.
Algo similar está ocurriendo hoy en día y cada vez más en nuestra triste patria Venezuela y en su ama, Cuba. Son dos países donde impera el horror, con un matiz de normalidad. La sofisticación de la maldad. Son casos similares, pero diferentes. Cuba comenzó hace 61 años con un experimento a raíz de la toma del poder por un grupo, después de una mini subversión de menos de tres años. Una vez instaurados en el poder, se declararon socialistas, comunistas, sobre todo a raíz del apoyo que lograron de la poderosa —en ese momento— Unión Soviética y sus satélites del mundo, fundamentalmente en la Europa del Este. Eso le permitió sobrevivir a todo por 30 años y, a raíz de la desaparición de los regímenes comunistas, después de un período de escasez y mayores dificultades —llamado especial— lograron embaucar a otro líder carismático de un país con recursos y se convirtieron en becerros chupando toda la leche posible de esa nueva vaca.
Es importante señalar que en algún momento de la historia del comunismo, los dos centros de poder más importantes, la URSS y China, estaban bien distanciados, incluso antagónicos, no necesariamente sus fundamentos marxistas los unían. Eso lo vieron en su momento algunos dirigentes norteamericanos, lo que propició el acercamiento con China, pensaron —erróneamente creo yo— que ayudando a fortalecer a China, debilitaban a la Unión Soviética. La URSS se cayó sola, así como todos sus satélites europeos, fundamentalmente por no haber logrado un desarrollo económico, producto de sus equivocadas políticas estatistas. China muy hábilmente aprendió de todo esto y, continuando con un férreo poder político, se abrió a un desarrollo económico que evitara su caída como había sucedido con la URSS.
Digo todo esto, y aunque puedan parecer circunloquios de darle vuelta al asunto, para entender que los mecanismos de maldad y de poder, no son tan sencillos, como decir en una consigna el comunismo es malo —aunque lo sea— sino tratar de entresacar de las consignas y los eslóganes, sus sutilezas y sus manejos. Cuba se declaró comunista porque tenía el apoyo de la URSS, se hubiera declarado cualquier cosa porque el asunto era mantenerse en el poder y la ayuda de un poderoso era necesaria. Fijémonos en el ejemplo de la Venezuela actual. Está teniendo un fuerte apoyo de Irán, aun cuando no se ha proclamado islamista o musulmana, tácticamente no le conviene. ¿Por qué Irán se mete en Venezuela? No es porque esté interesado en la destartalada industria petrolera venezolana, ni siquiera por poder montar uno que otro auto mercado en Venezuela. Se mete en Venezuela, porque eso le sirve para dos cosas fundamentales para ellos: una, tener una base de operaciones y de expansión hacia Latinoamérica, y dos, hacerle oposición real a su enemigo mayor, EEUU. Algo totalmente similar a lo que ocurrió con la presencia de la URSS en Cuba. Cuba y Venezuela, no han sido sino juguetes minúsculos en el poder mundial. Son los peones de un ajedrez donde otros reyes, reinas, alfiles, torres y caballos, son los verdaderos contrincantes. Y además Cuba se ha convertido durante muchas décadas en el instrumento principal para cualquier expansión hacia otros países de Latinoamérica, ya sea a través del Alba, del Foro de Sao Paulo, del Grupo de Puebla o del espionaje. Cuba, para sobrevivir, se ha ocupado de muchas tareas sucias, en África y sobre todo en Latinoamérica. Es el trabajo que han estado haciendo desde siempre y que le ha dado el premio de permanecer en el tiempo.
Analizo todo esto porque quiero señalar que no es nada útil usar etiquetas o emblemas por más que nos hayan tratado de meter por los ojos y los sentidos. ¿Es Irán un país socialista o comunista? Siendo estrictos desde la óptica deseos-conceptos, no lo es, pero eso no importa. Los eslóganes no sirven para nada, sólo para confundir, para manipular. Lo importante es analizar los hechos. Y a eso voy.
Hace cinco o seis años, la revista Time, colocándolo en la portada, señaló a Putin como el hombre más poderoso del mundo. Lo ha demostrado desde unos años para acá. Y a eso quiero referirme, Putin es el centro mundial de la maldad y la conspiración. Es un ser enfermo de poder, como todos los dictadores del mundo. El nombre o el título no importa, lo que importa son los hechos. Putin no se dice comunista, pero es un dictador siniestro como Stalin, como Castro, como Maduro, como tantos otros. Lo único que les interesa es el poder y si hay que llevarse por medio a quien sea, incluso a amigos, para mantenerse en él, bienvenido sea. Son monstruos, no seres humanos, son líderes de la maldad, llámense o no comunistas. Por eso es que hay que analizar los hechos, no los títulos, estos últimos no dicen nada.
¿Cuáles han sido los logros de Putin en los últimos años? El fundamental, haber debilitado a los Estados Unidos.
Sí, considero que el centro fundamental de la conspiración mundial contra la humanidad está dirigido por Putin, un ex coronel de la aparentemente extinta KGB soviética, entrenado en la Stasi alemana, una policía política asesina y represora, de la cual se han copiado sus vertientes menores en Cuba y ahora en Venezuela.
Putin ha disfrazado a Rusia con otro ropaje, pero esencialmente es la misma maldad de la URSS, y sus logros en los últimos años lo han mantenido en el poder. Rusia no es una potencia económica, su producto nacional bruto a pesar del petróleo o el gas que posea, es similar al de España, no es nada del otro mundo. Su poder está en lo militar y en la maraña de espionaje y control a través de sofisticadas redes.
¿Cuáles han sido los logros de Putin en los últimos años? El fundamental, haber debilitado a los Estados Unidos. Y por qué lo ha debilitado es algo que debemos analizar y describir. De alguna forma Trump estuvo en el poder por la ayuda de Putin, a través de las redes y todo lo que promovió antes de las elecciones de 2016. Muchas de las mentiras manipuladas de ese momento han sido demostradas, pero surtieron su efecto y permitieron el ascenso al poder de Trump, quién durante sus cuatro años en la presidencia, no sólo no se enfrentó a Putin, sino que le alfombró el camino para sus avances.
Putin se cogió Crimea, una península de Ucrania, el primer asalto a un territorio en Europa desde los eventos de Hitler. EEUU no reaccionó, Putin acaba de propiciar un enfrentamiento entre Azerbaiyán y Armenia, por el supuesto control de Nagorno-Karabaj y el asunto terminó con el control de una aparente fuerza de paz de Rusia. Otro territorio ajeno controlado ahora por ellos. Y Estados Unidos no reaccionó. Trump retiró sus fuerzas en Siria, abriéndoles camino a las tropas de Putin y de Erdogan. Trump no ha tomado ninguna decisión contraria a Putin en todo su mandato. En las entrevistas personales que han tenido entre ellos no ha habido testigos y al traductor, la Casa Blanca le decomisó sus apuntes. Estos elementos y muchos más que surgieron a raíz del intento del impeachment en el Congreso demuestran claramente los intentos —y yo diría que los logros— de Putin de influir en EEUU. Si bien estas investigaciones no condujeron a la destitución de Trump, por la complicidad de una mayoría republicana, todo hace pensar que el asunto era mucho más grave de lo que se filtró al público en general. Algún día se sabrá al detalle. Me imagino que la inteligencia norteamericana tiene datos muy precisos al respecto. Creo que muchas informaciones que hasta ahora han sido mantenidas por un dique de control saldrán a la luz pública en el próximo gobierno y ayudará a entender quién ha sido el cerebro de esa conspiración mundial.
Trump a pesar de las apariencias y los gritos (tuiteros solamente) ha sido un presidente sumamente débil y sumiso a los intereses de Putin. Disminuyó la presencia de Estados Unidos ante sus aliados naturales —las democracias europeas y asiáticas— con graves consecuencias para la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) creado para la defensa ante la URSS y por lo tanto ante Rusia. Sabiendo que está por salir del poder ha dedicado sus últimos días en tareas bastante sucias al respecto. Prepara una retirada apresurada de las tropas en Irak y Afganistán, similar a las de Siria, con las graves consecuencias que esto tendría. Indultó a Roger Stone y Michael Flynn, dos asistentes cercanos, convictos y confesos de la trama rusa, aunque vamos a estar claros, un indulto no borra su culpabilidad, en todo caso confirma la complicidad de Trump. Podemos agregar que Rudy Giuliani, asesor legal de Trump tiene una investigación abierta en el FBI por trabajar con la inteligencia rusa, visitó Moscú hace poco y no está claro para qué realizó ese viaje. Como presidente ha roto algunos acuerdos internacionales con respecto a Israel, facilitando algunas opciones del gobierno de Netanyahu, y siendo cómplice de sirvengüenzuras tal como eliminar las restricciones del Departamento de Justicia y permitir el viaje a Israel de Jonathan Pollard, condenado en EEUU en 1985 por espiar para Israel y cuyas informaciones llegaron a la URSS y que pudieron identificar y evadir técnicas norteamericanas de espionaje. Todas estas graves acciones en contra de los propios intereses de Washington demuestran fehacientemente el papel cómplice de Trump con Putin. Estas averiguaciones no son provenientes de chats ni tuiters, pueden confirmarlas en investigaciones públicas y legales.
En el caso específico de Venezuela, cada vez que Maduro u otro jerarca del régimen necesitan algún apoyo específico, vuelan a Rusia. Putin es el principal sostenedor actualmente de Venezuela y Cuba. El más importante factor de poder en Venezuela —su fuerza armada— está asesoradas por los rusos. Le han suministrado armamento y participado en todas las maniobras y movimientos, con apoyo aéreo y de tropas, aun cuando por razones obvias, no lo han hecho abiertamente, pero si significativamente.
Todo esto lo digo porque los venezolanos debemos comprender donde están los verdaderos enemigos y esos enemigos sumamente capacitados para el engaño han realizado una tarea encomiable en dirigir los tiros hacia objetivos equivocados. Una gran mayoría de la clase media venezolana, desplazada del país y de sus beneficios de vida, ha sido vilmente manipulada para enfilar sus baterías contra los demócratas, las nuevas autoridades de EEUU, y todos los que lo apoyan, simplemente porque a algún avezado malvado se le ocurrió la gran ocurrencia de calificarlos de socialistas, de comunistas, de cómplices de Cuba y de Maduro. Y de ahí en adelante todo el mundo a rebotarlo y se convirtió en tendencia. Pero ¿realmente se han puesto a pensar si eso es cierto? No creen que sea el famoso llamado efecto espejo —que tan hábilmente utilizó Chávez— de calificar al contrario lo que él era, y que haya sido también una de las tácticas usadas por la campaña de Trump. Si soy corrupto, te llamo corrupto a ti, si soy mentiroso, te califico de embustero y así sucesivamente. Todo construido en un castillo, ya no de papel sino de palabritas e imágenes falsas por los medios. Toda una campaña muy bien construida.
Por favor pensemos en esto, los verdaderos malvados están usando su desarrollada perversidad para manipular al máximo y lamentablemente, por poco informados, por dejarnos llevar más por las emociones que por el análisis serio y objetivo de los hechos, nos está arrastrando a disparar hacia donde no es. El enemigo es otro, es aquel agazapado, con una inteligencia maligna que está permanentemente manipulando para engañarnos mientras teje su red de poder. Hoy en día tiene su nombre y apellido, Vladimir Putin y los que le hacen el juego. Sí, sí hay una conspiración mundial y la dirige él, el envenenador de Siberia.
Había sido identificado por el Mossad en 2018 y era un alto cargo de la organización terrorista Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Redacción | Primer Informe
Irán se quedó si el científico más importantes de su programa de armamento nuclear.
Mohsen Fakhrizadeh, el líder del programa iraní de desarrollo de armas atómicas, fue asesinado hoy al este de Teherán. El el hecho se habría usado un carro bomba, de acuerdo con algunos reportes
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Fakhrizadeh ostentaba un alto cargo oficial en la organización terrorista Cuerpo de la Guardia Revolucionarios Islámica (IRGC). También, era profesor de física en la Universidad Imam Hussein y fue jefe del Centro de Investigación Física de Irán.
Esos cargos lo identifican como «el padre de la bomba iraní», para los servicios de inteligencia occidentales.
Su muerte significa un severo contratiempo para las aspiraciones del régimen teocrático iraní de convertirse en un poder nuclear.
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El comandante de los guardias revolucionarios de Irán escribió en Twitter que Irán vengará el asesinato de científicos como lo ha hecho en el pasado. Señaló a Israel como responsable del ataque.
Pero la reacción al incidente por parte de los voceros de Teherán ha sido caótica y contradictoria.
Por ejemplo, la organización de Energía Atómica de Irán negó los informes, diciendo que no hubo ningún incidente que involucrara a los científicos nucleares, informó la Agencia de Noticias ISNA-
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Por otra parte, la agencia semioficial Fars News Agency, afiliada a la élite terrorista del IGRC, declaró que Fakhrizadeh sólo resultó herido en el ataque.
El primer ministro Benjamin Netanyahu había puesto la atención internacional sobre Fakhrizadeh en 2018. El asesinato hoy del científico ocurre en medio de preocupaciones globales por el aumento de la producción de uranio enriquecido, elemento clave para el desarrollo de armas nucleares y para usos civiles de la energía atómica.
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Programa secreto
El ayatolá Ali Jamenei, líder supremo en Irán, dijo en 2019 quue «construir y almacenar bombas nucleares está mal y usarlas es prohibido religiosamente».
Pero, la inteligencia de Occidente tiene múltiples reportes de los intentos iraníes por obtener tecnología para desarrollar.
Por ejemplo, en agosto, la agencia de inteligencia nacional del estado alemán del Sarre, agregó más pruebas a los informes de ese país que confirmaron los intentos iraníes para desarrollar armamento nuclear y misiles balísticos.
Un asesor militar del líder supremo de Irán, Ali Khamenei, el comandante Hossein Dehghan, acusó a Israel de intentar provocar una guerra. Ninguna gencia israelí ha informado estar involucrada en el caso.
«Atacaremos como un trueno a los asesinos de este mártir oprimido y haremos que se arrepientan de su acción», agregó.
En 2018, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, dijo, “recuerde ese nombre”, en referencia a Fahrizade. Ese año el Mossad obtuvo 100.000 archivos de los archivos nucleares de Irán.
Los documentos se centraban en el programa nuclear secreto iraní, b, dirigido por el científico asesinado hoy. Cuando Irán entró en el acuerdo nuclear de 2015, negó la existencia de dicho programa.
El país canceló el Proyecto Amad, pero no detuvo ambiciones nucleares. Dividió su programa en un programa abierto y otro encubierto. Disfrazaron el programa armamentístico con el el título de «desarrollo de conocimientos científicos», dijo Netanyahu.
Continuó ese trabajo dentro del Ministerio de Defensa de Irán, agregó el primer ministro.
Poner fin al monopolio de la información de las grandes tecnologías Por Francis Fukuyama, Barak Richman y Ashish Goel El director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, testifica en Capitol H…
Poner fin al monopolio de la información de las grandes tecnologías
El director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, testifica en Capitol Hill, julio de 2020Graeme Jennings / Pool / Reuters
Entre las muchas transformaciones que se están produciendo en la economía estadounidense, ninguna es más destacada que el crecimiento de gigantescas plataformas de Internet. Amazon, Apple, Facebook, Google y Twitter, que ya eran poderosos antes de la pandemia de COVID-19, se han vuelto aún más durante ella, ya que gran parte de la vida cotidiana se mueve en línea. Por muy conveniente que sea su tecnología, el surgimiento de tales corporaciones dominantes debería hacer sonar la alarma, no solo porque tienen tanto poder económico sino también porque ejercen tanto control sobre la comunicación política. Estos gigantes ahora dominan la difusión de información y la coordinación de la movilización política. Eso plantea amenazas únicas para una democracia que funcione bien.
Si bien la UE ha tratado de hacer cumplir las leyes antimonopolio contra estas plataformas, Estados Unidos ha sido mucho más tibio en su respuesta. Pero eso está comenzando a cambiar. Durante los últimos dos años, la Comisión Federal de Comercio y una coalición de fiscales generales estatales han iniciado investigaciones sobre posibles abusos del poder de monopolio de estas plataformas y, en octubre, el Departamento de Justicia presentó una demanda antimonopolio contra Google. Los críticos de Big Tech ahora incluyen tanto a demócratas que temen la manipulación por parte de extremistas nacionales y extranjeros como a republicanos que piensan que las grandes plataformas están sesgadas contra los conservadores. Mientras tanto, un creciente movimiento intelectual, liderado por una camarilla de influyentes académicos del derecho, busca reinterpretar la ley antimonopolio para enfrentar el dominio de las plataformas.
Aunque existe un consenso emergente sobre la amenaza que las grandes empresas tecnológicas representan para la democracia, hay poco acuerdo sobre cómo responder. Algunos han argumentado que el gobierno necesita dividir Facebook y Google. Otros han pedido regulaciones más estrictas para limitar la explotación de datos de estas empresas. Sin un camino claro a seguir, muchos críticos han dejado de presionar a las plataformas para que se autorregulan, alentándolas a eliminar contenido peligroso y hacer un mejor trabajo al curar el material que se encuentra en sus sitios. Pero pocos reconocen que los daños políticos que plantean las plataformas son más graves que los económicos. Menos aún han considerado una forma práctica de avanzar: quitar el papel de las plataformas como guardianes del contenido. Este enfoque implicaría invitar a un nuevo grupo de empresas competitivas de “middleware” para permitir que los usuarios elijan cómo se les presenta la información. Y probablemente sería más efectivo que un esfuerzo quijotesco romper estas empresas.
POTENCIA DE PLATAFORMA
La ley antimonopolio contemporánea de Estados Unidos tiene sus raíces en la década de 1970, con el surgimiento de economistas de libre mercado y académicos legales. Robert Bork, quien fue procurador general a mediados de la década de 1970, emergió como un destacado académico que argumentó que la ley antimonopolio debería tener un solo objetivo: la maximización del bienestar del consumidor. La razón por la que algunas empresas crecían tanto, argumentó, era que eran más eficientes que sus competidores, por lo que cualquier intento de dividir estas empresas simplemente las castigaba por su éxito. Este campo de académicos se basó en el enfoque de laissez-faire de la llamada escuela de economía de Chicago, dirigida por los premios Nobel Milton Friedman y George Stigler, que veían la regulación económica con escepticismo. La escuela de Chicago argumentó que si la ley antimonopolio debería estructurarse para maximizar el bienestar económico, entonces debería estar muy restringido. Desde cualquier punto de vista, esta escuela de pensamiento fue un éxito asombroso, influyó en generaciones de jueces y abogados y llegó a dominar la Corte Suprema. El Departamento de Justicia de la administración Reagan adoptó y codificó muchos principios de la escuela de Chicago, y la política antimonopolio de Estados Unidos se ha basado en gran medida en un enfoque laxo desde entonces.
Después de décadas de dominio de la escuela de Chicago, los economistas han tenido una amplia oportunidad de evaluar los efectos de este enfoque. Lo que han descubierto es que la economía estadounidense ha crecido de manera constante y está más concentrada en todos los ámbitos —en aerolíneas, compañías farmacéuticas, hospitales, medios de comunicación y, por supuesto, compañías de tecnología— y los consumidores han sufrido. Muchos, como Thomas Philippon, vinculan explícitamente los precios más altos en los Estados Unidos, en comparación con los de Europa, con una aplicación inadecuada de las leyes antimonopolio.
Ahora, una creciente “escuela posterior a Chicago” sostiene que la ley antimonopolio debe aplicarse con más vigor. La aplicación de las leyes antimonopolio es necesaria, creen, porque los mercados no regulados no pueden detener el aumento y el afianzamiento de los monopolios anticompetitivos. Las deficiencias del enfoque antimonopolio de la escuela de Chicago también han llevado a la “escuela neobrandisiana” de antimonopolio. Este grupo de juristas argumenta que la Ley Sherman, la primera ley federal antimonopolio del país, estaba destinada a proteger no solo los valores económicos, sino también los políticos, como la libertad de expresión y la igualdad económica. Dado que las plataformas digitales ejercen poder económico y controlan los cuellos de botella de las comunicaciones, estas empresas se han convertido en un objetivo natural para este campo.Big Tech plantea amenazas únicas para una democracia que funcione bien.
Es cierto que los mercados digitales presentan ciertas características que los distinguen de los convencionales. Por un lado, la moneda del reino son los datos. Una vez que una empresa como Amazon o Google ha acumulado datosen cientos de millones de usuarios, puede entrar en mercados completamente nuevos y vencer a empresas establecidas que carecen de conocimientos similares. Por otro lado, estas empresas se benefician enormemente de los denominados efectos de red. Cuanto más grande se vuelve la red, más útil se vuelve para sus usuarios, lo que crea un ciclo de retroalimentación positiva que lleva a una sola empresa a dominar el mercado. A diferencia de las empresas tradicionales, las empresas del espacio digital no compiten por la cuota de mercado; compiten por el mercado mismo. Los pioneros pueden atrincherarse y hacer imposible una mayor competencia. Pueden devorar a rivales potenciales, como hizo Facebook al comprar Instagram y WhatsApp.
Pero el jurado aún está deliberando sobre la cuestión de si las grandes empresas de tecnología reducen el bienestar del consumidor. Ofrecen una gran cantidad de productos digitales, como búsquedas, correo electrónico y cuentas de redes sociales, y los consumidores parecen valorar mucho estos productos, incluso cuando pagan un precio al renunciar a su privacidad y permitir que los anunciantes los orienten. Además, casi todos los abusos de los que se acusa a estas plataformas pueden ser defendidos simultáneamente como económicamente eficientes. Amazon, por ejemplo, ha cerrado las tiendas minoristas familiares y ha destruido no solo las calles principales, sino también los grandes minoristas. Pero la empresa, al mismo tiempo, ofrece un servicio que muchos consumidores encuentran invaluable. (Imagínese cómo sería si las personas tuvieran que depender del comercio minorista en persona durante la pandemia. ) En cuanto a la acusación de que las plataformas compran nuevas empresas para evitar la competencia, es difícil saber si una empresa joven se habría convertido en la próxima Apple o Google si hubiera permanecido independiente, o si hubiera fracasado sin la inyección de capital y experiencia en gestión. recibió de sus nuevos dueños. Aunque los consumidores podrían haber estado mejor si Instagram se hubiera mantenido separado y se hubiera convertido en una alternativa viable a Facebook, habrían estado peor si Instagram hubiera fallado por completo.
El caso económico para frenar en Big Tech es complicado. Pero hay un caso político mucho más convincente. Las plataformas de Internet causan daños políticos que son mucho más alarmantes que cualquier daño económico que generen. Su verdadero peligro no es que distorsionen los mercados; es que amenazan la democracia.
LOS MONOPOLISTAS DE LA INFORMACIÓN
Desde 2016, los estadounidenses se han dado cuenta del poder de las empresas de tecnología para dar forma a la información. Estas plataformas han permitido a los estafadores vender noticias falsas y a los extremistas impulsar las teorías de la conspiración. Han creado “burbujas de filtro”, un entorno en el que, debido a cómo funcionan sus algoritmos, los usuarios están expuestos solo a información que confirma sus creencias preexistentes. Y pueden amplificar o enterrar voces particulares, teniendo así una influencia inquietante en el debate político democrático. El mayor temor es que las plataformas hayan acumulado tanto poder que podrían influir en una elección, ya sea deliberada o inconscientemente.
Los críticos han respondido a estas inquietudes exigiendo que las plataformas asuman una mayor responsabilidad por los contenidos que emiten. Pidieron a Twitter que suprimiera o verificara los tuits engañosos del presidente Donald Trump. Atacaron a Facebook por afirmar que no moderaría el contenido político. A muchos les gustaría que las plataformas de Internet se comportaran como empresas de medios de comunicación, seleccionando su contenido político y responsabilizando a los funcionarios públicos.
Pero presionar a las grandes plataformas para que realicen esa función, y esperar que lo hagan teniendo en cuenta el interés público, no es una solución a largo plazo. Este enfoque evita el problema de su poder subyacente, y cualquier solución real debe limitar ese poder. Hoy en día, son en gran parte los conservadores los que se quejan del sesgo político de las plataformas de Internet. Ellos asumen , con cierta razón, que las personas que dirigen las plataformas-Jeff de hoy Bezos de Amazon, Mark Zuckerberg de Facebook, Sundar Pichai de Google, y Jack Dorsey de Twitter tienden a ser socialmente progresista, incluso a medida que son impulsados principalmente por comercial interés propio. El verdadero peligro de las plataformas de Internet no es que distorsionen los mercados; es que amenazan la democracia.
Es posible que esta suposición no se mantenga a largo plazo. Supongamos que uno de estos gigantes fuera absorbido por un multimillonario conservador. El control de Rupert Murdoch sobre Fox News y The Wall Street Journal ya le da una influencia política de gran alcance, pero al menos los efectos de ese control son evidentes: usted sabe cuándo está leyendo un Wall Street Journal.editorial o viendo Fox News. Pero si Murdoch controlara Facebook o Google, podría alterar sutilmente los algoritmos de clasificación o búsqueda para dar forma a lo que los usuarios ven y leen, lo que podría afectar sus opiniones políticas sin su conocimiento o consentimiento. Y el dominio de las plataformas hace que sea difícil escapar de su influencia. Si eres liberal, simplemente puedes mirar MSNBC en lugar de Fox; bajo un Facebook controlado por Murdoch, es posible que no tenga una opción similar si desea compartir noticias o coordinar la actividad política con sus amigos.
Considere también que las plataformas —Amazon, Facebook y Google, en particular— poseen información sobre la vida de las personas que los monopolistas anteriores nunca tuvieron. Saben quiénes son los amigos y la familia de las personas, los ingresos y las posesiones de las personas y muchos de los detalles más íntimos de sus vidas. ¿Qué pasaría si el ejecutivo de una plataforma con intenciones corruptas explotara información vergonzosa para forzar la mano de un funcionario público? Alternativamente, imagine un uso indebido de información privada junto con los poderes del gobierno, por ejemplo, Facebook se asoció con un Departamento de Justicia politizado.
El poder económico y político concentrado de las plataformas digitales es como un arma cargada sobre una mesa. Por el momento, es probable que las personas sentadas al otro lado de la mesa no levanten el arma ni aprieten el gatillo. La pregunta para la democracia estadounidense, sin embargo, es si es seguro dejar el arma allí, donde otra persona con peores intenciones podría venir y recogerla. Ninguna democracia liberal se contenta con confiar el poder político concentrado a los individuos basándose en suposiciones sobre sus buenas intenciones. Es por eso que Estados Unidos pone frenos y contrapesos a ese poder.
ROMPIENDOSE
El método más obvio para controlar ese poder es la regulación gubernamental. Ese es el enfoque seguido en Europa, con Alemania, por ejemplo, aprobando una ley que criminaliza la propagación de noticias falsas. Aunque la regulación todavía puede ser posible en algunas democracias con un alto grado de consenso social, es poco probable que funcione en un país tan polarizado como Estados Unidos. En el apogeo de la televisión abierta, la doctrina de equidad de la Comisión Federal de Comunicaciones requeríaredes para mantener una cobertura “equilibrada” de los problemas políticos. Los republicanos atacaron implacablemente la doctrina, alegando que las redes estaban sesgadas en contra de los conservadores, y la Comisión Federal de Comunicaciones la rescindió en 1987. Así que imagine un regulador público tratando de decidir si bloquear un tweet presidencial hoy. Cualquiera que sea la decisión, será enormemente controvertida.
Otro enfoque para controlar el poder de las plataformas de Internet es promover una mayor competencia. Si hubiera una multiplicidad de plataformas, ninguna tendría el dominio que disfrutan Facebook y Google en la actualidad. El problema, sin embargo, es que ni Estados Unidos ni la UE probablemente podrían dividir Facebook o Google de la forma en que se dividieron Standard Oil y AT&T. Las empresas de tecnología de hoy se resistirían ferozmente a tal intento, e incluso si eventualmente perdieran, el proceso de romperlas tomaría años, si no décadas, en completarse. Quizás lo más importante es que no está claro que romper Facebook, por ejemplo, resolvería el problema subyacente. Existe una gran posibilidad de que un bebé en Facebook creado por tal ruptura crezca rápidamente para reemplazar al padre. Incluso AT&T recuperó su dominio después de su ruptura en la década de 1980.
En vista de las escasas perspectivas de una ruptura, muchos observadores han recurrido a la “portabilidad de datos” para introducir competencia en el mercado de plataformas. Así como el gobierno requiere que las compañías telefónicas permitan a los usuarios llevar sus números de teléfono cuando cambien de red, podría exigir que los usuarios tengan derecho a llevar los datos que han entregado de una plataforma a otra. El Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), la poderosa ley de privacidad de la UE que entró en vigencia en 2018, ha adoptado este mismo enfoque, exigiendo un formato estandarizado y legible por máquina para la transferencia de datos personales.
Málaga, España, junio de 2018Jon Nazca / Reuters
Sin embargo, la portabilidad de datos se enfrenta a una serie de obstáculos. El principal de ellos es la dificultad de mover muchos tipos de datos. Aunque es bastante fácil transferir algunos datos básicos, como el nombre, la dirección, la información de la tarjeta de crédito y la dirección de correo electrónico, sería mucho más difícil transferir todos los metadatos de un usuario. Los metadatos incluyen me gusta, clics, pedidos, búsquedas, etc. Son precisamente estos tipos de datos los que son valiosos en la publicidad dirigida. No solo no está clara la propiedad de esta información; la información en sí también es heterogénea y específica de la plataforma. ¿Cómo exactamente, por ejemplo, se podría transferir un registro de búsquedas pasadas de Google a una nueva plataforma similar a Facebook?
Un método alternativo para frenar el poder de las plataformas se basa en la ley de privacidad. Bajo este enfoque, las regulaciones limitarían el grado en que una empresa de tecnología podría utilizar los datos de los consumidores generados en un sector para mejorar su posición en otro, protegiendo tanto la privacidad como la competencia. El GDPR, por ejemplo, requiere que los datos del consumidor se utilicen solo para el propósito para el que se obtuvo originalmente la información, a menos que el consumidor otorgue un permiso explícito de otra manera. Estas reglas están diseñadas para abordar una de las fuentes más potentes del poder de la plataforma: cuantos más datos tenga una plataforma, más fácil será generar más ingresos e incluso más datos.
Pero confiar en la ley de privacidad para evitar que las grandes plataformas ingresen a nuevos mercados presenta sus propios problemas. Como en el caso de la portabilidad de datos, no está claro si reglas como el RGPD se aplican solo a los datos que el consumidor entregó voluntariamente a la plataforma o también a los metadatos. E incluso si tienen éxito, las iniciativas de privacidad probablemente reducirían solo la personalización de las noticias para cada individuo, no la concentración del poder editorial. En términos más generales, tales leyes cerrarían la puerta a un caballo que hace mucho que salió del establo. Los gigantes de la tecnología ya han acumulado grandes cantidades de datos de clientes. Como indica la nueva demanda del Departamento de Justicia, el modelo comercial de Google se basa en la recopilación de datos generados por sus diferentes productos: Gmail, Google Chrome, Google Maps, y su motor de búsqueda, que se combinan para revelar información sin precedentes sobre cada usuario. Facebook también ha recopilado una gran cantidad de datos sobre sus usuarios, en parte supuestamente al obtener algunos datos sobre los usuarios cuando navegaban por otros sitios. Si las leyes de privacidad impidieran que nuevos competidores acumulen y utilicen conjuntos de datos similares, correrían el riesgo de simplemente aprovechar las ventajas de estos primeros motores.
LA SOLUCIÓN DE MIDDLEWARE
Si la regulación, la ruptura, la portabilidad de datos y las leyes de privacidad se quedan cortas, ¿qué queda por hacer con respecto al poder concentrado de la plataforma? Una de las soluciones más prometedoras ha recibido poca atención: el middleware. El middleware se define generalmente como software que se monta sobre una plataforma existente y puede modificar la presentación de los datos subyacentes. Agregado a los servicios de las plataformas tecnológicas actuales, el middleware podría permitir a los usuarios elegir cómo se selecciona y filtra la información para ellos. Los usuarios seleccionarían servicios de middleware que determinarían la importancia y la veracidad del contenido político, y las plataformas utilizarían esas determinaciones para seleccionar lo que vieron esos usuarios. En otras palabras,
Los productos de middleware se pueden ofrecer a través de una variedad de enfoques. Un enfoque particularmente eficaz sería que los usuarios accedan al middleware a través de una plataforma tecnológica como Apple o Twitter. Considere los artículos de noticias sobre las fuentes de noticias de los usuarios o los tweets populares de figuras políticas. En el contexto de Apple o Twitter, un servicio de middleware podría agregar etiquetas como “engañoso”, “no verificado” y “carece de contexto”. Cuando los usuarios iniciaban sesión en Apple y Twitter, veían estas etiquetas en los artículos de noticias y tweets. Un middleware más intervencionista también podría influir en la clasificación de ciertos feeds, como listas de productos de Amazon, anuncios de Facebook, resultados de búsqueda de Google o recomendaciones de videos de YouTube. Por ejemplo, los consumidores podían seleccionar proveedores de middleware que ajustaran sus resultados de búsqueda de Amazon para priorizar productos fabricados en el país, productos ecológicos o productos de menor precio. El middleware incluso podría evitar que un usuario vea cierto contenido o bloquear fuentes de información o fabricantes específicos por completo.
Cada proveedor de middleware debería ser transparente en sus ofertas y características técnicas, para que los usuarios puedan tomar una decisión informada. Los proveedores de middleware incluirían tanto empresas que buscan mejoras en los feeds como organizaciones sin fines de lucro que buscan promover los valores cívicos. Una escuela de periodismo podría ofrecer software intermedio que favoreciera los informes superiores y suprimiera historias no verificadas, o una junta escolar del condado podría ofrecer software intermedio que priorizara los problemas locales. Al mediar en la relación entre los usuarios y las plataformas, el middleware podría satisfacer las preferencias de los consumidores individuales y ofrecer una resistencia significativa a las acciones unilaterales de los jugadores dominantes.
Habría que resolver muchos detalles. La primera pregunta es cuánto poder de curación transferir a las nuevas empresas. En un extremo, los proveedores de middleware podrían transformar completamente la información presentada por la plataforma subyacente al usuario, con la plataforma sirviendo como poco más que una tubería neutral. Bajo este modelo, el middleware por sí solo determinaría el contenido y la prioridad de las búsquedas de Amazon o Google, y esas plataformas simplemente ofrecerían acceso a sus servidores. En el otro extremo, la plataforma podría continuar seleccionando y clasificando el contenido por completo con sus propios algoritmos, y el middleware solo serviría como un filtro complementario. Bajo este modelo, por ejemplo, una interfaz de Facebook o Twitter se mantendría prácticamente sin cambios.
El mejor enfoque probablemente se encuentre en algún punto intermedio. Dar demasiado poder a las empresas de middleware podría significar que las plataformas tecnológicas subyacentes perderían su conexión directa con el consumidor. Con sus modelos de negocio socavados, las empresas de tecnología se defenderían. Por otro lado, otorgar a las empresas de middleware muy poco control no podría frenar el poder de las plataformas para seleccionar y difundir contenido. Pero independientemente de dónde se trazara exactamente la línea, la intervención del gobierno sería necesaria. El Congreso probablemente tendría que aprobar una ley que requiera que las plataformas utilicen interfaces de programación de aplicaciones abiertas y uniformes, o API, que permitirían a las empresas de middleware trabajar sin problemas con diferentes plataformas tecnológicas. El Congreso también tendría que regular cuidadosamente a los propios proveedores de middleware,Una de las soluciones más prometedoras ha recibido poca atención: el middleware.
Un segundo problema implica encontrar un modelo de negocio que incentive la aparición de una capa competitiva de nuevas empresas. El enfoque más lógico sería que las plataformas dominantes y los proveedores externos de middleware establezcan acuerdos de reparto de ingresos. Cuando alguien realizaba una búsqueda en Google o visitaba una página de Facebook, los ingresos publicitarios de la visita se compartirían entre la plataforma y el proveedor de middleware. Es probable que estos acuerdos tengan que ser supervisados por el gobierno, ya que incluso si las plataformas dominantes están ansiosas por compartir la carga de filtrar contenido, se debe esperar que se resistan a compartir los ingresos publicitarios.
Otro detalle más por resolver es algún tipo de marco técnico que alentaría a surgir una diversidad de productos de middleware. El marco tendría que ser lo suficientemente simple para atraer a tantos participantes como sea posible, pero lo suficientemente sofisticado para caber sobre las grandes plataformas, cada una de las cuales tiene su propia arquitectura especial. Además, debería permitir que el middleware evalúe al menos tres tipos diferentes de contenido: contenido público ampliamente accesible (como noticias, comunicados de prensa y tweets de figuras públicas), contenido generado por el usuario (como videos de YouTube y tweets públicos). de particulares) y contenido privado (como mensajes de WhatsApp y publicaciones de Facebook).
Los escépticos podrían argumentar que el enfoque del middleware fragmentaría Internet y reforzaría las burbujas de filtro. Si bien las universidades pueden exigir a sus estudiantes que utilicen productos de software intermedio que los dirijan a fuentes de información creíbles, los grupos con mentalidad conspirativa podrían hacer lo contrario. Los algoritmos personalizados solo podrían dividir aún más la política estadounidense, alentando a las personas a encontrar voces que se hagan eco de sus puntos de vista, fuentes que confirmen sus creencias y líderes políticos que amplifiquen sus temores.
Quizás algunos de estos problemas podrían resolverse con regulaciones que requieran que el middleware cumpla con los estándares mínimos. Pero también es importante tener en cuenta que tal fragmentación ya puede suceder, y puede que sea tecnológicamente imposible evitar que ocurra en el futuro. Considere el camino tomado por los seguidores de QAnon, una elaborada teoría de la conspiración de extrema derecha que postula la existencia de una camarilla de pedofilia global. Después de tener su contenido restringido por Facebook y Twitter, los partidarios de QAnon abandonaron las grandes plataformas y migraron a 4chan, un tablero de mensajes más permisivo. Cuando los equipos de moderación de 4chan comenzaron a moderar los comentarios incendiarios, los seguidores de QAnon se mudaron a una nueva plataforma, 8chan (ahora llamada 8kun). Estos teóricos de la conspiración aún pueden comunicarse entre sí a través del correo electrónico ordinario o en canales cifrados como Signal, Telegram y WhatsApp. Tal discurso, por problemático que sea, está protegido por la Primera Enmienda.
Es más, los grupos extremistas ponen en peligro la democracia principalmente cuando abandonan la periferia de Internet y entran en la corriente principal. Esto sucede cuando sus voces son recogidas por los medios o amplificadas por una plataforma. A diferencia de 8chan, una plataforma dominante puede influir en una amplia franja de la población, en contra de la voluntad de esas personas y sin su conocimiento. En términos más generales, incluso si el middleware fomentara la fragmentación, ese peligro palidece en comparación con el que representa el poder concentrado de la plataforma. La mayor amenaza a largo plazo para la democracia no es la escisión de opiniones, sino el poder inexplicable que ejercen las gigantes empresas de tecnología.
DEVOLVIENDO EL CONTROL
El público debería alarmarse por el crecimiento y el poder de las plataformas de Internet dominantes, y hay una buena razón por la que los legisladores están recurriendo a la ley antimonopolio como remedio. Pero esa es sólo una de las posibles respuestas al problema del poder económico y político privado concentrado.
Ahora, los gobiernos están lanzando acciones antimonopolio contra las plataformas de Big Tech tanto en los Estados Unidos como en Europa, y es probable que los casos resultantes sean litigados en los próximos años. Pero este enfoque no es necesariamente la mejor manera de lidiar con la seria amenaza política del poder de las plataformas a la democracia. La Primera Enmienda visualizó un mercado de ideas donde la competencia, más que la regulación, protegía el discurso público. Sin embargo, en un mundo donde las grandes plataformas amplifican, suprimen y apuntan a los mensajes políticos, ese mercado se derrumba.
El middleware puede solucionar este problema. Puede quitar ese poder de las plataformas tecnológicas y entregarlo no a un solo regulador gubernamental, sino a un nuevo grupo de empresas competitivas que permitirían a los usuarios adaptar sus experiencias en línea. Este enfoque no evitaría que circularan teorías de conspiración o discursos de odio, pero limitaría su alcance de una manera que se alineara mejor con la intención original de la Primera Enmienda. Hoy, el contenido que ofrecen las plataformas está determinado por turbios algoritmos generados por programas de inteligencia artificial. Con middleware, los usuarios de la plataforma tendrían los controles. Ellos —no algún programa invisible de inteligencia artificial— determinarían lo que veían.
FRANCIS FUKUYAMA es miembro principal del Instituto Freeman Spogli de Estudios Internacionales de la Universidad de Stanford.
BARAK RICHMAN es Profesora de Derecho Katharine T. Bartlett y Profesora de Administración de Empresas en la Facultad de Derecho de la Universidad de Duke.
ASHISH GOEL es profesor de ciencia e ingeniería de gestión en la Universidad de Stanford.
Son miembros del Grupo de Trabajo sobre Escala de Plataformas del Programa de Democracia e Internet de la Universidad de Stanford